Historia e intrahistoria, la importancia de los personajes cotidianos

Normalmente en la literatura, y en especial en las novelas históricas, los personajes que nos encontramos suelen pertenecer a los altos estamentos de la sociedad. Reyes, nobles y cortesanos son muy habituales en la literatura porque por lo general son ellos los que están detrás de los grandes hitos de la historia. Nadie podría tratar el nacimiento de la religión anglicana sin hablar de Enrique VIII, Ana Bolena o Thomas Moro, por poner un ejemplo. Por ello es muy habitual que acabemos por olvidar que la historia no solo es la parte “glamurosa”, que los reyes son sólo una parte y que la otra son sus siervos. Esta es la parte a la que Miguel de Unamuno llamó apropiadamente como la intrahistoria, lo que nosotros podemos definir como la historia de los personajes cotidianos, que normalmente son sólo el trasfondo de lo que conocemos como La Historia en mayúsculas.

“Reyes, nobles y cortesanos son muy habituales en la literatura porque por lo general son ellos los que están detrás de los grandes hitos de la historia”

Los personajes cotidianos, que podemos encontrar sin problemas en nuestra vida diaria, son comunes en la literatura desde siempre, pero casi nunca han tenido el rol de protagonistas. Porque seamos sinceros. ¿Alguien leería una novela centrada en la historia de un carnicero de barrio o de un albañil del medio rural? No, o por lo menos no normalmente, y sin embargo todos conocemos a alguien que encaje en esa descripción y muy pocas personas de nuestro entorno tienen contacto con presidentes o reyes. Entonces, ¿por qué son estos últimos los habituales en las novelas y no los primeros? La respuesta a esa pregunta seguramente esté en que lo cotidiano nos aburre precisamente por ser cotidiano, en que muchas veces, cuando leemos un libro o vemos una película, no queremos que nos recuerden las miserias de nuestra propia existencia. El cine y la literatura nos sirven para evadirnos de la realidad, por lo que no solemos querer leer sobre lo que es nuestra realidad personal sino sobre otras cuestiones más ajenas a nosotros que nos fascinen y nos interesen.

“Lo cotidiano nos aburre precisamente por ser cotidiano”

Como escritor yo quiero centrarme en este tipo de personajes tan poco habituales en la literatura precisamente porque sudan realismo por todos sus poros, y eso es algo que siempre busco a la hora de crear a mis protagonistas. No es necesario mostrar la vida cotidiana de una persona común, basta con mostrar a una persona común en una situación extraordinaria, en una situación que puede ser atractiva y que llame la atención del lector. Por ejemplo, hace unos años era impensable que alguien se atreviese a hacer una serie sobre un profesor de química de un instituto, y sin embargo surgió una serie en la que ese profesor, que era una persona cotidiana que no tenía nada de especial y que debía enfrentarse a nuestros mismos problemas diarios (problemas económicos, pluriempleo, miedo a la muerte y a dejar desamparada a la familia…), protagonizó una de las series más aclamadas y exitosas de los últimos años. Breaking Bad es un perfecto ejemplo de que sí se puede hacer una buena historia protagonizada por personajes cotidianos sin necesidad de recurrir a los típicos roles que personalmente me parecen tan mitificados.

“Como escritor yo quiero centrarme en este tipo de personajes tan poco habituales en la literatura precisamente porque sudan realismo por todos sus poros, y eso es algo que siempre busco a la hora de crear a mis protagonistas”

La desmitificación de algún aspecto es una de mis principales motivaciones personales a la hora de escribir, y cuando me fijo en los personajes que habitualmente protagonizan novelas muchas veces siento que son falsos, que les falta un trasfondo que les dé matices, ya sean reyes o nobles en una novela histórica o mafiosos en una novela negra. El malo que es malo porque sí a mí me aburre, igual que el héroe que es bueno sin más, algo de lo que ya hablé en Antihéroes y villanos y su poder de atracción. Yo como escritor, también como lector, quiero ver y crear personajes que parezcan reales, que nos podamos identificar con ellos con relativa facilidad porque nos recuerden a nosotros mismos. Porque a veces pienso que muchos autores olvidan, deliberadamente o no es lo de menos, que sus personajes deberían ser ante todo humanos, que tienen las mismas necesidades que cualquiera de nosotros, que sienten miedo, que se preocupan, que toman buenas y malas decisiones. Esos detalles les dan realismo y los convierten en algo más que un mero motor para contar una historia, los convierte en la propia historia.

“Cuando me fijo en los personajes que habitualmente protagonizan novelas muchas veces siento que son falsos, que les falta un trasfondo que les dé matices”

Los personajes cotidianos tienen una característica única que los hace especiales a mi parecer, y es que todos ellos son “reales” y creíbles. Como escritor a mí me gusta centrarme en este tipo de personajes no porque nos recuerden nuestras debilidades y nuestras fortalezas, sino porque al sernos cotidianos y familiares no incurrimos en mitificaciones de ningún tipo. Puede que la intrahistoria no sea tan glamurosa como la historia de reyes y nobles, pero tiene algo que la hace única y la diferencia de ella, y es que la intrahistoria es real y creíble, dos características que siempre busco como escritor. Por eso me parecen tan importantes los personajes cotidianos, porque sin ellos la vida no sería igual, y la literatura tampoco.

*Imagen de cabecera tomada de Pinterest

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