Los personajes femeninos en los trabajos escritos

En los últimos años ha empezado a surgir una preocupación que no es baladí relacionada con la proyección que tienen las mujeres en la literatura, el cine o las series de televisión. ¿Los personajes femeninos suelen estar estereotipados o son personajes con los que podríamos cruzarnos cualquier día a la vuelta de la esquina? Esta cuestión aborda una doble problemática que personalmente creo que es muy importante analizar en profundidad. Por un lado plantea si las mujeres son representadas correctamente en este tipo de obras, al tiempo que también nos hace reflexionar en si son suficientes los personajes femeninos que solemos encontrarnos en ellas. Por fortuna ambas preocupaciones están surgiendo cada vez con más frecuencia en l@s lector@s y espectador@s, aunque quizás con un enfoque equivocado.

Pero antes de nada quiero hablar de tres conceptos que deben ser entendidos muy bien, y el primero de ellos es el término de sexismo. Según la Real Academia Española (RAE) el sexismo se define como “la discriminación de las personas por razón de sexo“, por lo que es evidentemente algo muy similar al racismo con respecto a la raza. Por tanto cualquier acto o pensamiento que discrime a una persona por su género, como lo es cualquier comportamiento machista, que parte de la errónea aunque enraizada idea de que el hombre es superior a la mujer, pero también cualquier hipotético pensamiento hembrista (un concepto relativamente moderno que haría referencia a la supuesta creencia de la superioridad de la mujer sobre el hombre), es una actitud sexista. No así el feminismo, que por mucho que se empeñen ciertos sectores de la sociedad más rancia (los mismos que han creado el término de hembrismo para criticar al movimiento feminista) es un movimiento y/o pensamiento que precisamente busca la igualdad entre los dos sexos. De esta manera, y volviendo a lo que sí es sexismo, podemos afirmar que considerar que las mujeres son el sexo débil o pensar que los hombres han de ser fuertes y varoniles (y si no lo son tacharlos de nenazas o maricones) son actitudes sexistas, además de homófoba esta última. Por tanto el sexismo nos afecta a todos, a hombres y a mujeres, y en especial a quienes no siempre cumplimos, o incluso buscamos romper, los roles tradicionales que la sociedad ha establecido en función de cuál es nuestro género. ¿O es que una niña no puede querer vestir de azul y jugar al fútbol sin ser llamada machirulo? ¿Y un niño gustarle el color rosa y querer jugar a las muñecas o interesarse por la cocina sin ser tachado de maricón? La respuesta a ambas preguntas evidentemente es sí, y pensar lo contrario forma parte de un sexismo que por desgracia está bastante aceptado en nuestra sociedad. Por ello debemos preguntarnos si, con una sociedad todavía tan sexista como es esta en la que vivimos, existe realmente la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Pero qué es igualdad? Si volvemos a la RAE encontramos cuatro acepciones y es la tercera la que nos interesa aquí, ya que define la igualdad como “el principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones“. Es decir, la igualdad, incluyendo la igualdad de género, es un principio universal que deberíamos valorar como tal. Porque al fin y al cabo todos somos simios con traje y corbata, todos vivimos y moriremos en el mismo planeta independiente de que seamos ric@s o pobres, negr@s, blanc@s o asiátic@s, siri@s o español@s, hombres o mujeres. La igualdad de género por tanto se encuentra en continuo conflicto con la base sexista de la sociedad, la misma que hace que las mujeres cobren menos que los hombres por el mismo trabajo, o que a ellas se les exijan determinados papeles en la sociedad, como es por ejemplo el cuidado de la descendencia o de nuestros mayores. Y ya para acabar vamos a entrar en un último concepto que en ocasiones es bastante conflictivo: el de la paridad. Volviendo a la RAE, la paridad tiene dos acepciones que no nos sirven de mucho si queremos llevar el concepto a la cuestión de género. Por un lado se define como “la comparación de algo con otra cosa por ejemplo o símil” y por otro como “la igualdad de las cosas entre sí“. ¿Pero qué ocurre si queremos hablar de la paridad en cuanto al género? En ese caso estamos hablando de la búsqueda de una representatividad equitativa entre las personas de distinto sexo, buscando la manera de que no haya ni una infrarrepresentatividad ni una suprarrepresentatividad de un sexo sobre el otro. ¿Pero la paridad es algo por lo que debemos luchar o es algo que llega una vez alcanzamos la igualdad? Para responder a eso pensemos en un certamen de literatura que quiere ser paritario ante todo, de manera que las bases han estipulado que de los 10 finalistas obligatorios, 5 deben ser siempre hombres y 5 mujeres. Ahora imaginemos que un año, de los varones que han presentado sus obras, solo tres merecen la pena, mientras que siete mujeres tienen trabajos muy meritorios. Si queremos ser paritarios debemos descartar buenas obras de dos mujeres y coger en su lugar dos obras de varones que no tienen el nivel exigido para la competición. No es justo pero sí paritario, porque la paridad jamás es justa si no se ha alcanzado la igualdad antes. Lo mismo puede ocurrir si hablamos de mujeres directoras nominadas a un premio o incluso mujeres en altos cargos empresariales, ya que si hay muy pocas mujeres en esos sectores, casi siempre por una imposición sexista de la sociedad, es evidente que también habrá muchas menos que alcancen el éxito. Ayudarlas sólo por el hecho de ser mujeres es de nuevo sexista y además puede ser en ese caso hasta contraproducente, en especial si con el tiempo se demuestra que no tenían la capacidad exigida (en ese caso su presencia sólo hará que reforzar la idea de que las mujeres no deben llegar a esos niveles).

La paridad no es igualitaria sino correctiva. Trata de subsanar una desigualdad que lleva impuesta siglos, pero incurriendo precisamente para ello en otra desigualdad que puede ser tanto o más perjudicial que la que trata de compensar. Pero vayamos al motivo de este artículo y veamos cómo son tratados los personajes femeninos en el mundo de la literatura, en el que podemos incluir perfectamente a los guiones (de cortos, de películas y de series) y a las obras de teatro. Para dar una respuesta imaginemos que tenemos en nuestras manos una obra literaria de aventuras que tiene a seis personajes protagonistas, tres hombres y tres mujeres. Los primeros son héroes o reyes que representan valores como el honor y la justicia porque desean abolir la esclavitud o se enfrentan al villano de la historia, que no hace otra cosa que abusar del débil con impuestos imposibles de pagar, castigos y torturas. Pero las mujeres por su lado son prostitutas que ayudan a los protagonistas en sus objetivos pero que viven conforme a su posición sin cuestionársela; o quizás guerreras que actúan, hablan y se comportan como hombres, puede que incluso se vean atraídas sexualmente por otras mujeres; o tal vez una de ellas tenga el “importantísimo” papel de ser el interés amoroso de alguno de los varones y que gracias a ella el héroe inicia su viaje. En otras palabras, en esa obra lo que tenemos son por un lado personajes masculinos que intervienen activamente en la trama y que luchan por el desfavorecido en contra de las injusticias a las que está sometido, y por otro a los personajes femeninos como seres pasivos que además tienen roles tradicionales. Esta novela es paritaria porque tiene el mismo número de protagonistas masculinos que femeninos, pero desde luego no es igualitaria y sí es muy sexista, ya que el tratamiento que se les ha dado a los personajes está muy influenciado por el género. Por el contrario vayamos a una novela donde hay cinco personajes varones y sólo uno femenino, pero en la que cualquier personaje, sea del sexo que sea, si lo cambiamos de género sigue funcionando igual en la historia. En ese caso encontramos que a la hora de componer a esos personajes su creador/a no les ha dado un tratamiento diferente en función de cuál es su género. En ese caso la obra evidentemente no es paritaria, pero tampoco es sexista, y por el contrario sí es muy igualitaria. Ahora la pregunta es, ¿qué debemos buscar primero, la paridad o la igualdad? Como ya he dicho antes creo que debe ser la igualdad, que se alcanzará cuando superemos el sexismo de la sociedad, y una vez alcanzada esa igualdad ya podremos luchar por la paridad, el objetivo final de la lucha feminista.

Paridad en la creación de un trabajo escrito, ya sea una novela, un relato corto, un guión o una obra de teatro, no tiene por qué ser bueno. A veces una obra paritaria es enormemente sexista, algo que encontramos con demasiada frecuencia en la televisión y el cine, aunque sin duda lo peor es cuando esa obra es considerada erróneamente como feminista por tener muchos personajes femeninos (no voy a decir qué serie tengo en mente pero creo que es bastante evidente). Por el contrario, otra obra que en principio podría pasar de machista por tener muchos personajes masculinos y pocos femeninos, un análisis más detallado de cómo son esos personajes nos puede demostrar que es mucho más igualitaria.  Porque a veces no debería ser tan importante la cantidad sino la calidad de los personajes femeninos que encontramos en una obra, algo que en los últimos años no parece ser una prioridad. El motivo es simple, y es que no debemos olvidar que nuestra sociedad sigue siendo sexista y a veces obliga a una paridad desigual que puede estropear la verdadera lucha por la igualdad de género, la que afirma que todos somos iguales y que por tanto el tratamiento debe ser el mismo independientemente del género al que pertenezca un personaje. Todo lo demás es desviar el tema a un aspecto erróneo, simplificando una cuestión que, dado que no es simple, tampoco debería ser simplificada.

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